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ACTUALIDAD __________
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Nº 5014702.
 
_______________________________________ Editorial
 
Tesoros del mar argentino
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Gracias al trabajo que Martín De Isasi y otros científicos argentinos se encontraron depósitos de minerales y reservas de gas que servirán para abastecer las centrales nacionales por siglos. Además, luego de 20 años de trabajo, lograron que la ONU aprobara los nuevos límites del país que ahora es más ancho en el mar.

Ahora sabemos dónde termina el país y sabemos qué tenemos adentro”, asegura Martín De Isasi, un hidrógrafo platense de Ley que nació en City Bell hace 57 años y ahora en el café de la catedral confiesa: “En la tierra los límites están marcados, pero en el mar todavía se están haciendo mediciones”, dice a la vez que reconoce que le preocupa la soberanía pero también la educación: “Hay alumnos universitarios avanzados que nos saben dónde están las Islas Georgias o las Sandwich”.
De Isasi y sus compañeros de la Comisión Nacional del Límite Exterior de la Plataforma Continental (COPLA) demostraron que la plataforma continental argentina se extiende mucho más allá de la milla 200 y corrieron la frontera azul hasta la milla 350, y más también. Lograron que las Naciones Unidas aceptaran la nueva demarcación. Y entonces el límite que construyeron se convirtió en definitivo y obligatorio para la comunidad internacional, cuando el 21 de abril del año pasado, la Comisión de Límites de la Plataforma Continental aprobó en Nueva York la demarcación impulsada por el equipo argentino. “Viajamos a Nueva York a llevar la presentación. Pero en un avión fueron los papeles y en otro los técnicos. Si se cae el un avión llega el otro! Elemento de Seguridad”, bromea, pero sabe que es en serio.
 Incluso desde la aprobación muchos países están solicitando el trabajo a la cancillería Argentina. Es que con este trabajo Argentina sumó 350.000 kilómetros cuadrados; y desde ahora cambiarán los mapas oficiales, las cartas marítimas, los manuales escolares y hasta libros de geografía. “Ahora tenemos un límite tangible: sabemos a dónde termina el país y qué riquezas atesoramos
Más allá de los límites y la ampliación de la soberanía, el mar argentino está lleno de tesoros. “Encontramos nódulos polimetálicos de Cadmio, níquel, manganeso y hierro; ahora hay que evaluar este recurso, por ejemplo con el proyecto Pampa Azul, la última tendencia en exploración”, dice en clara referencia a la iniciativa estratégica del Estado Nacional de impulsar investigaciones científicas y de innovación tecnológica en el Mar. Y eso no es todo, ya verán.
 
OTRO MUNDO BAJO EL MAR
 
Abajo del mar no se ve, se escucha”, jura De Isasi  y revela que el código es el del sonido. Por eso, la profundidad –por ejemplo- se mide con una onda de sonido que se traslada a través de la columna de agua. También se descubren montes submarinos como el que encontraron frente a las costas de Santa Cruz. Y agrega: “La información que nosotros relevamos es muy importante porque nos cuenta la historia. A través de los sedimentos vemos como fue el clima, cómo se separó el océano hace 50 millones de años cuando el continente americano se separó de África, se ven también los hidratos que deberíamos explotarlos
Además de la tarea titánica de la demarcación de los límites territoriales, el equipo de COPLA, encontró nódulos polimetálicos de Cadmio, niquel, manganeso y hierro, algo que da el pie para una segunda etapa de soberanía: la de evaluar  y valorar estos recursos.
 
Un tesoro: Gas para varios siglos
 
El mundo está cambiando y muchas de las reservas de petróleo pronto pasaran a un segundo plano con el inminente cambio en la matriz energética. El petróleo tiene fecha de defunción. De hecho para el año 2040 ni Francia ni el Reino Unido van a permitir motores térmicos; y el gas será el combustible de la mayoría de las centrales térmicas. Por eso las reservas de hidratos de metano que los científicos encontraron la plataforma submarina nos va a permitir satisfacer todas nuestras necesidades en un futuro. Y tenemos muchas reservas frente a las costas bonaerenses compartidos con Uruguay. “Hay hidratos de metano para alimentar las centrales térmicas por varios siglos”, asegura De Isasi. 
Ahora camina desde Plaza Moreno para su casa en el barrio de “Meridiano V” y piensa que los diputados y senadores de la provincia de Buenos Aires deben legislar para que las regalías de la explotación del Gas frente a las costas bonaerenses sea, justamente, para los bonaerenses; como hace Santa Cruz o Neuquén con el petróleo de Vaca Muerta.  Sin ir más lejos hoy dependemos del gas natural  importado de Bolivia, en donde la hermandad latinoamericana se corta de golpe: llegamos a pagarle 11 dólares el millón de BTU, y que hoy  ha bajado a unos $6,5 de promedio.
Platense de Ley
Martín de Isasi está felizmente casado en los ´80 y tiene una hija de 23 años que estudia Ciencias Económicas. Reconoce que llegar hasta acá no fue fácil pero que lo volvería a hacer. Platense de Ley, cuenta que terminó la secundaria en el colegio Estrada de City Bell, y antes de seguir sus estudios superiores le tocó hacer  el Servicio Militar en el batallón 3 de infantería de Marina; más conocido como el BIM 3, donde hoy funcionan las Facultades de Humanidades y Psicología de la UNLP, en 51 y 122. 
Era movida la época aquella, estuve un año, me mandaron al sur al operativo Soberanía”, dice al recordar aquel plan de invasión a Chile que el gobierno militar de Argentina planificó ejecutar en los últimos días de diciembre de 1978, pero que fue suspendido a último momento por la intervención del papa Juan Pablo II. ”Estuve en la trinchera en el sur, con un lanzamisiles y  veía a los chilenos del otro lado”, se acuerda y reconoce: “Yo soy un primitivo, un hombre de Neanderthal y les digo a mi alumnos de la Carrera de Agrimensura de la UNLP que con 18 años ya sabía volar un blindado o bajar un helicóptero”. 
1980 es el año en el que cambiaría la artillería por la agrimensura. Mientras terminaba su formación hizo el curso de que culminó con una estadía de 5 meses en Japón donde aprendió toda la parte portuaria. Al toque ingresó a la Marina donde obtuvo una formación excelente con aviones, barcos, camionetas, equipos de última generación que le dieron  mucho roce y experiencias como la de haber tripulado aviones de la armada de los Estados Unidos donde pudo usar equipos que había estudiado en los libros. Y creció. Creció mucho profesionalmente para poder formarse y “aprehender”, así “con hache” como le gusta decir.
Dos accidentes, uno donde se partió la cabeza con la cabina de una lancha de prefectura trabajando en el Canal de Beagle y otro, – se pone pálido a recordar-, en una camioneta Ford Ranger F150 volviendo de un trabajo en Zárate que chocó contra un camión. Allí perdió un compañero –el gordo Linares- y él se salvó de milagro. “Estuve inconsciente todo el tiempo. Es más, me morí y volví. Reventé el vaso y perdí tres litros de sangre. No me morí de casualidad”, rememora. Luego seguiría el pase a retiro y su fin en la carrera dentro de la fuerza.
Pero no hay mal que por bien no venga. Corría 1998 y enterado de la situación, un ex profesor suyo -el Ingeniero Jorge Larralde-, lo llamó como hidrógrafo para formar parte del equipo de COPLA, que pertenece a Cancillería, el Servicio de Hidrografía naval y el Ministerio de Economía. Empezaba, en términos de supervivencia, una segunda – o porque no- su tercera  vida.
 
Cuestión de límites
 
En 1995 Argentina firmó la adhesión a la CONVEMAR - La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar – y así se comprometió a presentar, en un plazo de diez años, sus límites territoriales. “En todos esos años los distintos gobiernos nos dieron el apoyo necesario como para pensar el trabajo final”, afirma De Isasi y lo celebra el país acostumbrada a las políticas y medidas de corto plazo: las que los políticos que impulsan y financian pueden capitalizar en votos de la elección a corto plazo. Esta fue una excepción. Y vaya que rindió sus frutos. Un logro histórico.
Además de Martín este fue un trabajo de equipo de primer nivel conformado por geólogos, geofísicos, cartógrafos, oceanógrafos, geodestas, expertos en sistemas de información geográfica y en derecho internacional con dedicación full time a COPLA; al que se sumaban oportunamente muchos investigadores para diversas tareas como la recolección de datos en alta mar, o análisis en tierra.
De Isasi que dice no tiene Twitter porque “es una ventana menos para tener problemas” fue el encargado de juntar la información batimétrica previa para hacer lo que ellos llaman “levantamientos” y el común de los mortales conocemos como campañas o expediciones. “Nuestro litoral marítimo realmente es muy grande y no estaba del todo explorado y faltaba muchísima información”, explica, al tiempo que jura los datos que hoy están disponibles en internet, que son infinitos, no los tenían. Es que al finalizar las campañas recogieron 195.700 kilómetros de datos, equivalentes a 4,89 vueltas al mundo.
Así, antes de iniciar los levantamientos, De Isasi buscó y examinó información del Atlántico Sur en distintos institutos Hidrográficos como el norteamericano, el  servicio de hidrografía naval argentino – que contaba con solo 3 expediciones- y el BGR alemán. Finalmente el informe fue aprobado por Organización Hidrográfica Internacional (OHI). 
 
-¿Algo pendiente o un sueño sin cumplir?
-Me falta conocer Las Vegas, pero ya estoy listo para partir. Después de todos los accidentes que tuve, ya estoy entregado. Corté amarras. 
Después de terminar el segundo café Martín agradece al Estado que lo formó y luego lo empleó como profesional. Que le enseño a trabajar en un grupo multidisciplinario con el que pudo conocer muchos lugares y gente importante; haber trabajado con el Geólogo español Javier Hernández Molina, que les enseñó a clasificar el suelo marino. Y no pierde la esperanza de que se haga en Argentina una investigación seria del sector marino. “Hay que dejar los egos de lado y empezar a discutir qué hacemos con todo eso que la naturaleza nos ha dado. Porque si no va a venir otro y lo va a tomar porque la guerra de los recursos, se va a dar”.
 
 
Por Lic. Manuel Lopez Melograno. 



 
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| Diciembre de 2018 | Edici├│n Nº 30.
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