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Nº 5014702.
 
_______________________________________ Editorial
 
¿El fin de la historia unipolar?
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El mundo experimenta una nueva etapa de multipolaridad y el eje de poder se corre lentamente de las potencias centrales. Nuevos actores generan un fuerte contrapeso desde el sudeste asiático amenazando la supremacía estadounidense y Rusia reaparece provocando el rearme en Europa Occidental.

¿Qué es la multipolaridad? En geopolítica, cuando existen tres o más actores hegemónicos que se disputan el poder en grandes áreas para su control territorial, político, económico o cultural, se produce una situación de multipolaridad.
Hoy y como lo ha sido gran parte de la historia humana, el mundo volvió a ser multipolar y sus  protagonistas no son solo países o bloques de naciones, sino también ideologías o modelos económicos a veces confrontados, pero que en la mayoría de los casos muestran diferencias casi imperceptibles. 
Dejando de lado los aspectos ideológicos y culturales, la agonía de la globalización tal cual la conocemos fue decretada por su principal mentor, Estados Unidos, cuando esa práctica comenzó a ser más beneficiosa para rivales como China e India, ambas con grandes poblaciones y costos de producción que las convirtieron en imanes de inversión y paraísos de la tercerización.
Incluso el premio Nobel en Economía Joseph Stiglitz consideró jocosa la particular situación indicando que “Estados Unidos básicamente redactó las reglas y creó las instituciones de la globalización”, y que en algunas de ellas, como el FMI, “todavía tiene poder de veto, pese a su papel disminuido en la economía global”.
A este punto podemos casi asegurar que la idea de un mundo unido se gestó solo para retroalimentar la posición de poder casi absoluta del único jugador importante. Esa premisa muere en forma lenta, sin pausa, dejando espacios que por ahora son imposibles de acaparar por una sola potencia hegemónica.
El sociólogo Emir Sader escribió en 2017 que la llamada “Pax Americana no trajo el final de los conflictos bélicos, sino su multiplicación, al tiempo que el reino del mercado no trajo de vuelta el crecimiento económico, sino la recesión prolongada”.El resultado de estas nuevas tendencias, agrega Sader, es el surgimiento de “gobiernos antineoliberales, como en América Latina, así como fuerzas que se coordinan por la construcción de un mundo multipolar”, como por ejemplo los grandes bloques regionales o económicos.
Pero sería infantil pensar que otros países o bloques no quisieran entrar en ese rol de supremacía aprovechando el contexto actual, al menos en sus zonas de influencia inmediata. Es así que vuelven a escena protagonistas de antaño, como la Rusia de Putin, o aparecen nuevos contrapesos de poder en el sudeste asiático, como China o India.
 
              Europa se rearma
 
El esquema multipolar no se observaba con tanta claridad desde antes de la Segunda Guerra Mundial, incluso con el lento pero sostenido rearme actual de una Europa bajo la tutela alemana y de la OTAN, temerosas del expansionismo y poder militar ruso, una amenaza tan vigente y real como quedó demostrado con la anexión de Crimea en 2014.
A las escaramuzas en Ucrania se sumó el fracaso político interno y externo que supuso el intento de bombardeo por parte de Washington a Siria, momento en el que mundo se reperfiló definitivamente hacia la multipolaridad, posicionado a Rusia como potencial garante en la solución de conflictos en medio oriente y despertando malos recuerdos en occidente.
En este sentido, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, indicó en 2018 que una rápida capacidad de reacción de las fuerzas europeas es “imprescindible en un mundo que se ha vuelto muy voluble” y que por lo tanto es necesario “estar preparados para lo imprevisto”. 
De cualquier manera, es necesario recordar que Estados Unidos sigue conservando la gran supremacía militar con la que sostuvo su condición de imperio durante los últimos 70 años, pero por motivos prácticos ya no se enfrenta a sus enemigos en forma directa con armas en puño. Hace tiempo que prefiere “subcontratar” los conflictos en terceras naciones colaborando con “asesorías militares”, apoyando a grupos armados u operando drones en territorio hostil.
Mientras tanto, el contrapeso de estos poderes “tradicionales” continúa fortaleciéndose mediante acuerdos entre China y Rusia, el nacimiento de procesos de integración regional en Asia y América Latina y la constitución de bloques alternativos como el BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), que a pesar de los tropezones, sientan precedentes importantes en la conformación del mundo multipolar.
 
 Por Manuel López Melograno. 



 
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| Enero de 2020 | Edici├│n Nº 30.
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