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_______________________________________ Editorial
 
Tierras raras, el nuevo oro tecnológico
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Las tierras raras, utilizadas en procesos industriales y tecnológicos, son recursos considerados estratégicos con cada vez más peso en los conflictos comerciales globales. Su importancia geopolítica aumenta debido a los enfrentamientos entre su principal productor, China; y su consumidor más voraz, EE.UU. Las naciones latinoamericanas con importantes reservas podrían entrar en el juego y aprovechar el río revuelto.

La actividad minera que está asociada a la industria tecnológica es una cuestión estratégica cada día más importante para muchas naciones. El desarrollo de varios artefactos electrónicos actuales depende del acceso y la disponibilidad de elementos que se encuentran en el fondo de la tabla periódica, como son aquellos conocidos como tierras raras.

El valor trascendental de este grupo de óxidos y metales radica en el uso que se le da para  aplicaciones militares, civiles e industriales. Y muy pocos países del mundo tienen reservas considerables como para poder convertirse en jugadores importantes en la carrera por el dominio de todo su proceso productivo.

Conocemos el petróleo, el uranio y el litio, ¿pero qué tanto sabemos del escandio, el itrio o de los otros 15 elementos del grupo de los lantánidos? Las tierras raras son recursos muy valiosos, y de la mano de la guerra comercial que mantienen China y EE UU, han adquirido además un perfil geopolítico muy alto.

Con un valor alto valor promedio por tonelada, estos recursos tienen un potencial de crecimiento enorme ya que se utilizan en los procesos de refinado de petróleo y para fabricar todo tipo de pantallas, lentes, teléfonos celulares, anteojos de visión nocturna, láseres, fibra óptica, turbinas eólicas, rayos x y baterías, entre otras aplicaciones.

Las Tierras Raras son sin duda los minerales del futuro ya que día a día entran en nuevas aplicaciones de la sofisticada tecnología moderna”, aseguró Ricardo Alonso, investigador del Conicet y actual Secretario de Minería y Energía de la provincia de Salta, Argentina, en una nota publicada por el diario El Tribuno.

Así como hoy es imposible prescindir de las tecnologías avanzadas, también resulta imposible prescindir de la minería y los minerales, que es la que le da el sustento de las materias primas esenciales y en muchos casos irremplazables”, manifestó el geólogo.

            ¿Por qué son “raras”?

Por empezar, de raras tienen solo su nombre y ya veremos por qué. Como puede suponerse, usamos productos fabricados con estos elementos en forma cotidiana cuando llamamos por teléfono o mandamos un mensaje, usamos la computadora o nos conectamos a internet. 

Existen 17 elementos considerados como tierras raras, divididas entre livianas y pesadas. 15 de ellos son lantánidos (es decir, que pertenecen a un grupo específico dentro de la tabla periódica con número atómico entre el 57 y el 71). Se encuentran en la corteza terrestre y debido a sus extraordinarias propiedades magnéticas, luminiscentes y electroquímicas, son imprescindibles para que las tecnologías que usamos sean más livianas, pequeñas, eficientes, veloces, durables y no contaminen.

Se usan en la producción de artículos electrónicos de consumo, comunicaciones, energía, transporte, atención médica, cuidado del medio ambiente, defensa nacional y muchas otras. Son compuestos esenciales-junto al Litio- en el desarrollo de baterías y motores para coches eléctricos, y sirven para fabricar lámparas de bajo consumo, catalizadores, electrodos e imanes.

Son bastante comunes en la naturaleza, están presentes en toda la corteza terrestre y no necesitan mucha maquinaria pesada para su manipulación, pero se oxidan fácilmente, el proceso de producción contamina mucho y es difícil acumular cantidades utilizables y puras para su uso. El adjetivo “raro” se debe a esas características particulares, que se suman a una  extracción compleja, ambientalmente agresiva y muy costosa.

             Un dominio estratégico

Otro rasgo especial que tienen estos elementos es que su extracción y producción, según datos de 2019, está prácticamente concentrada en China (62%),nación que también posee un 45 % de las reservas mundiales comprobadas seguida muy de lejos por Estados Unidos (12%), Birmania y Australia (ambos 10%), el resto corresponde a un puñado de países que concentran una cantidad insignificante en cuanto a volumen y participación. 

Hace 20 años, China producía más del 90 por ciento de las tierras raras en el mercado. La reducción actual en su cuota se debe al intento de desarrollo de la minería de estos elementos en otros países, especialmente en Estados Unidos, que observa con temor como el monopolio ejercido por el gigante asiático limita sus objetivos estratégicos en la carrera tecnológica y militar.

Beijing no ha dudado en usar esta ventaja clave en función de sus intereses geopolíticos, como lo hizo en mayo del año pasado, limitando el acceso al recurso en el marco de la guerra comercial que mantiene con Washington. Estados Unidos importa un 80 % de este insumo necesario para la fabricación de muchos componentes críticos, -incluidos productos electrónicos para la defensa y aviones de combate- desde China, y la dependencia generada por el inexplicable retraso occidental en su desarrollo le está pasando factura a la potencia del norte.

               La oportunidad local

El contexto actual de búsqueda desesperada de reservas de tierras raras por parte del norte rico pone a Sudamérica en escena. Actualmente sólo Brasil, con una producción menor al 1 %, es un actor de cierta importancia en cuanto a reservas, que según distintos estudios rondarían en un 22 % del total mundial.

Es de esperar que el interés por esos recursos por ahora se centre allí, pero también es una oportunidad que Argentina, con una producción casi nula, puede aprovechar para desarrollar su propia minería de tierras raras. En el país ya se han identificado "depósitos de tierras raras en rocas alcalinas de Salta, Jujuy y San Luis. También se han mencionado en Santiago del Estero. Muchas rocas del ámbito de Sierras Pampeanas tienen concentraciones anómalas", explicó Ricardo Alonso.

El geólogo también agregó en su columna en el diario El Tribuno que la importancia de este recurso “se va incrementando año tras año con el descubrimiento de nuevos usos, y la República Argentina tiene algunos depósitos descubiertos y un buen potencial para el descubrimiento de otros nuevos”.

Entonces, con un plan gubernamental de desarrollo estratégico adecuado para la producción de estos elementos y apuntando a largo plazo, el país podría perfilarse como un productor de importancia y ejercer más peso específico entre las naciones. Sin embargo, es necesario evaluar en forma muy inteligente los costos - especialmente ambientales- para llegar a este punto.

Alonso indica que “para ir hacia un mundo más limpio y menos contaminado, es esencial la minería de las tierras raras”, pero demuestra la contradicción en la que cae la práctica cuando explica que se extraen “igual que cualquier otra mina a cielo abierto y cuyos óxidos se consiguen por un muy sofisticado tratamiento metalúrgico y químico de las rocas procesadas”. Es decir, son procesos muy contaminantes y virtualmente imposibles sin licencia social hoy por hoy en Argentina y en otros países de la región. 

Es claro que la industria de las tierras raras debe ser un objetivo de desarrollo responsable y calculado a largo plazo para esta zona del mundo, y su principal enemigo es el pasivo ambiental y la pésima connotación que tienen sus prácticas en el imaginario social. Definitivamente será el punto a resolver más importante para avanzar con el crecimiento estratégico de la región, en el marco de una guerra económica entre potencias que recién parece comenzar.
 
 
Por Manuel López Melograno. 


 
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| Mayo de 2020 | Edici├│n Nº 30.
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